El relato en primera persona de un joven en Sumamao, en Santiago del Estero, está causando furor en TikTok y desbloqueando cientos de recuerdos aterradores entre los santiagueños. El muchacho compartió con sus seguidores que lo que prometía ser una noche tranquila de pesca y campamento familiar a orillas de Río Dulce se transformó en una historia de miedo alrededor de las 2:30 de la mañana.
Según lo contado, el grupo no podía dormir por la «inmensa cantidad de mosquitos», cuando de repente, desde la oscuridad de la otra orilla, comenzaron a escuchar el llanto de un cabrito.
«Eso no es un cabrito»
El fenómeno se tornó extraño cuando el sonido comenzó a acercarse a una velocidad antinatural. Fue ahí cuando uno de los primos de Santi cometió un error fundamental en el monte santiagueño: se burló del sonido. O como dicen en el campo: «reparó».
La reacción del tío fue inmediata y severa: «No le presten atención a esas cosas porque eso no es un cabrito», les advirtió. Segundos después, el terror se hizo real. El llanto se escuchó pegado a ellos, pero al alumbrar con las linternas, no había nada. Instantes más tarde, el sonido mutó al de un animal mucho más grande y grueso, helando la sangre de los presentes.
Rezos y magia negra
El miedo solo se disipó cuando el joven comenzó a entonar canciones de adoración y a orar. Según cuenta, el ruido cesó de inmediato.
Al día siguiente, la explicación de los lugareños le dio un cierre aún más inquietante a la historia: les dijeron que esa zona del monte suele ser utilizada por estudiantes de «magia negra». La creencia popular sostiene que estas presencias o sonidos son provocados para espantar a los pescadores y dejar el lugar libre para sus rituales.
Lo más impactante no fue solo el video, sino la caja de comentarios, que se convirtió en un verdadero «fogón digital» de historias de terror. Cientos de usuarios validaron el relato con experiencias propias igual de aterradoras.
Entre anécdotas de «gritos ahogados» y apariciones inexplicables, la conclusión de los santiagueños fue unánime: al monte y al río se los respeta, porque «tienen dueños».
Fuente: Nuevo Diario