El Familiar: ese monstruo que no es solo una leyenda

Misterio en Salta por la aparición de «Familiar», una criatura demoníaca que asolaría los cañaverales, decía el título en un diario digital. Explican que la leyenda del «Familiar» es harto conocida en los ingenios azucareros del noroeste argentino, pero hace dos años, por primera vez, emergieron testimonios de efectivos de seguridad que dieron fe de la existencia de la horrenda criatura demoníaca. Según las creencias populares, es un espíritu devorador de hombres que ronda los cañaverales. Existen varias versiones que hacen referencia a su aspecto, algunas lo asimilan a un viborón, otras a un perro, mientras que muchas lo pintan con rasgos humanoides.

Pero al hecho lo sitúan como ocurrido en abril de 2019, en el departamento Orán, donde un joven de 25 años oriundo de Embarcación fue espantado en plena faena. De acuerdo a testimonios, el trabajador, quien se desempeñaba como sereno en uno de los numerosos puestos de un ingenio azucarero del norte provincial, llegó a eso de las 18 al lugar. Una mujer encargada de la seguridad comentó: “Este chango es empleado de una contratista del ingenio. La máquina que cuida está a varios kilómetros del puesto donde están los piletones de vinaza. Eran como las 20.30 pasadas, yo estaba sentada junto a la puerta de la casilla re entretenida escuchando música y cantando fuerte, porque a esa hora no hay nadie. Estaba re en otra cosa. De repente se apareció este chico y no le salía la voz, como cuando estás ronco. Así, medio tartamudeando me dice, señora la puede llamar a mi mamá. El susto que me pegué yo al verlo así parado enfrente mío, después de aparecer de la nada. Y ahí me paro y le digo ’qué hace acá’, y se quedó mirándome. El chango quería llorar. Lo hago sentar en la silla, pero me dijo que no y se sentó en el piso. Le di agua, le mojé la cabeza y le dije que se tranquilice (sic)”.

Comenta que los minutos se hicieron eternos y aterradores en el solitario puesto azucarero, donde reinaban el susto del muchacho y los interrogantes de la puestera. Fue entonces que el joven le confesó que lo querían agarrar. «Yo pensé (en un primer momento) que lo querían asaltar, pero cuando se logró calmar (un poco) me dijo que estaba arriba de la máquina y comenzó a sentir que le tiraban piedritas al frente de la maquina, en el vidrio, y luego piedras más grandes al techo. Fue entonces que se baja de la máquina, agarra la linterna y ve una sombra gigante de un hombre con un sombrero. Y esta sombra le grita fuerte: ’Yaaaa te vas de acá’. El chango entonces agarró su mochila y empezó a correr”, sin parar.

La mujer dio aviso a la empresa de seguridad, para que se comunicaran rápidamente con los superiores del joven trabajador y tomaran nota de la situación. “En eso que lo estaba calmando, una mesa de hierro pesadísima (que hay en el puesto) se dio vuelta y quedó patas para arriba. Como que alguien la tiró. En eso llegó el seguridad Yáñez y él la vio así. Ahí nos dimos cuenta que el Familiar se lo quiso llevar y que lo había seguido hasta el puesto. Yo no me asusté porque a esa historia me la conozco, pero el chico se puso a llorar y me repetía que se quería ir con su mamá‘, detalló. Y luego agregó: ‘No sabía como actuar en ese momento, tenía miedo que (al joven) le agarrara un ataque, porque estaba muy asustado. Finalmente me fui cuando llegó mi relevo”.

La crónica termina diciendo que ya pasaron dos años y aún perdura el misterio. Si bien muchos recuerdan el hecho, prefieren guardar silencio. En eso puede haber coincidencia con episodios similares que ocurren en Catamarca, y algunos prefieren no contar para no exponerse. Pero el «Familiar» es una leyenda, y como tal puede ser real o fabuloso, increíble para algunos. Suponiendo que no haya sido ese el motivo, que el Familiar no exista… ¿Qué pudo haber ocurrido aquella vez en Salta? ¿Qué fue? Como en la mayor parte de estas historias, sólo habrá especulaciones, suposiciones, teorías, y casi ninguna certeza. Por ello son hechos inexplicables, y en ocasiones llamados paranormales. De otro modo, serían normales.