Esos Pequeños Seres llamados Duendes, que según Miles de Relatos, no son Sólo Mitológicos

Hace pocos años, Héctor viajaba de Capital a Valle Viejo en un colectivo de la empresa «25 de Agosto». El hombre venía pensativo, relajado, con la cabeza apoyada contra el vidrio de una ventanilla del lado derecho del ómnibus, mirando hacia afuera. Al iniciar el cruce del puente de Sumalao vio hacia abajo que, a la vera del río, había una especie de muñera que parecía hundida apenas de pie en la arena. Fueron sólo unos segundos, y de pronto observó que el supuesto «juguete» pareció cobrar vida, agachándose de pronto como para no ser advertido, y ocultándose a unos pocos centímetros entre unos pequeños matorrales y una piedra medianamente grande. La sorpresa de Héctor lo hizo incorporarse del asiento y mirar con mucha curiosidad lo que había ocurrido, mientras la marcha del colectivo continuaba como venía… lentamente.

En otro caso, el ordenanza de una escuela céntrica de la Capital de Catamarca, narró a Zona Negra el episodio que le tocó vivir hace un tiempo, cuando un docente le pidió que fuera hasta una agencia de quiniela a realizarle una apuesta. Eran apenas las 21,30 horas, aproximadamente, y al salir del establecimiento el hombre se cruzó con un grupo bullicioso de alumnos que estaban en el ingreso del edificio. Unos diez minutos después, al regresar, a este empleado de la escuela le llamó la atención que el clima era absolutamente otro, distinto, de un silencio llamativo y ya sin la presencia de aquellos estudiantes. Estaba por ingresar cuando, de pronto, observó que del costado de un árbol salió la figura diminuta de un hombrecito que habrá medido no más de 30 o 40 centímetros, vestido con ropa antigua. El ordenanza quedó shockeado siguiendo con la vista el desplazamiento de este ser increíble.