«Todavía no es la hora»

El 3 de septiembre de 2018, un joven fue encontrado encadenado en una sala de válvulas abandonada bajo una presa del norte de España. Había desaparecido 104 días antes. Lo más perturbador fue que, al verlo, no pidió ayuda.

Daniel Fuentes, de 19 años, vivía en un pequeño municipio rodeado de montañas y viejas infraestructuras hidráulicas. El 22 de mayo salió en bicicleta para despejarse, nunca regresó. A la mañana siguiente, su bicicleta apareció apoyada contra la valla de la presa. No había signos de violencia. Su mochila estaba en el suelo con el móvil apagado.

La guardia civil rastreó la zona durante semanas. Los perros siguieron el rastro hasta la presa y allí se detuvieron, no había huellas ni señales de lucha. Con el paso del tiempo los medios empezaron a insinuar que el joven se había marchado voluntariamente. La búsqueda oficial se cerró al día sesenta.

A finales de agosto, una fuerte sequía obligó a vaciar parcialmente el embalse. Dos técnicos accedieron a un túnel seco, olvidado. A varios metros de profundidad encontraron una puerta metálica cerrada desde fuera. Dentro estaba Daniel, extremadamente delgado, con marcas en los tobillos y una cadena industrial anclada al suelo. Cuando intentaron liberarlo, retrocedió y dijo: «todavía no es la hora».

En el hospital, su declaración desconcertó a los investigadores. Su captor no lo golpeó ni lo amenazó, solo bajaba cada noche, ajustaba la cadena y le hablaba del ruido del agua y del paso del tiempo. Le enseñó a escuchar la presa.

Los archivos antiguos revelaron que solo una persona conocía todos los túneles olvidados. Tomás Requena, conocía todos los túneles olvidados, Era un antiguo ingeniero de mantenimiento, jubilado, tras perder parte de la audición en un accidente laboral. En su casa hallaron planos, llaves oxidadas y grabaciones de sonidos nocturnos de la presa. Fue detenido sin oponer resistencia. Durante el interrogatorio, dijo una sola frase: «Allí abajo aprendió a escuchar, por eso sigue vivo».

Requena fue condenado a prisión permanente revisable. Daniel abandonó el pueblo y nunca volvió a hablar del caso. La sala fue sellada con hormigón armado. Pero algunos operarios aseguran que, cuando el embalse baja, aún se oyen golpes lentos bajo la presa. No parecen aleatorios, siguen un ritmo.