Cuando en el mes de julio del año 2000, Jorge Claramonte creyó ser víctima de una confabulación misteriosa que terminó con la aparición de un presunto “espectro”, no pensó nunca que ese episodio que le había ocurrido, iba a ser narrado en una radio y publicado en un libro. Fue con motivo de una visita al cementerio principal de la Capital de Catamarca, para un trabajo periodístico. Era lunes, hacía frío, y el lugar estaba vacío de personas. Ni los trabajadores municipales estaban. Recorrió los nichos y tumbas tomando nota de algunos datos que buscaba, y al encontrarse en la parte final de la parte vieja del cementerio, se encontró de frente con alguien que hasta hoy no puede definir quién o qué era. Para darle conversación le preguntó la hora, pero como respuesta, ese ser le respondió “no sé, no soy de acá”. Un frío más frío que la tarde le recorrió la espalda a Jorge, que no quiso darse vuelta una vez que se había cruzado con esa imagen de un hombre que le pareció una momia caminando, un muerto que camina.
En noviembre de ese mismo año, Claramonte (conductor del programa “4 a 7 PM” en esa época), y el operador técnico Marcelo Rodríguez, conversaban en la planta alta de Radio Valle Viejo. Allí, funcionaba por entonces una sala de grabación, y mientras el Chelo realizaba su tarea, ambos hablaban de asuntos paranormales, intercambiaban historias propias o de terceros, o se comentaban documentales vistos en la televisión. Ese fue el disparador. Marcelo, entonces, le sugirió a Jorge la posibilidad de crear un programa que hablara de esos asuntos, y así surgió Zona Negra, que desde su nacimiento fue algo “extraño”: se emitió desde diciembre, los cuatro martes de ese mes. No tenía el formato actual, ni parecido. Lo conducía Claramonte, lo operaba Rodríguez.

El proyecto quedó ahí, sin continuidad, otra vez hasta diciembre, pero del año 2003, ya desde los trasnoches de viernes y con la convicción de buscar testimonios de catamarqueños, con relatos ocurridos en nuestra provincia. Las comunicaciones aún eran muy precarias con los oyentes en aquellos tiempos, y pese a eso, hubo quienes comenzaron a llamar en vivo a la radio, para narrar sus historias sobre hechos inexplicables que habían experimentado. Pero era mínima esa participación, y había que salir a la calle a grabar la mayoría de los relatos, lo que generaba ocupar un tiempo que Claramonte no tenía disponible por entonces.
Mientras tanto, Jorge cuenta que tuvo otras dos situaciones que vinculó a “apariciones”, como se le llama cuando alguien observa a una persona ya fallecida. No le consta, porque no las conocía, pero tampoco duda, porque fueron dos chicas que en distintas situaciones, se le “aparecieron” y “desaparecieron” en los alrededores del viejo hospital San Juan Bautista. Primero fue una supuesta estudiante que sentada en un banco de la plazoleta de calle República y pasaje Amalia, parecía estar leyendo una carpeta o cuaderno cuando él caminaba por esa vereda, y al volverse a verla a pocos pasos de pasar frente a ella, ya no estaba. Igual situación le ocurrió tiempo después en la esquina de Avenida Alem y calle República. Claramonte siempre recuerda que ante estos dos episodios, llegó a dudar de su salud mental, pero tuvo la suficiente para construyendo el éxito en que terminó convirtiéndose Zona Negra.
El programa quedó otra vez en pausa durante tres años, hasta que, en diciembre de 2006, se intentó ponerlo en el aire nuevamente, pero la recopilación de relatos no fue la suficiente para abarcar los tres o cuatro programas del mes, y se canceló. En realidad, Jorge decidió que no volvería a intentarlo de nuevo, y así fue hasta 2007.
Ese año, el profesor Marcelo Maidana se acercó a Jorge para consultarle por qué motivo habían dejado de hacer Zona Negra, y cuando escuchó la explicación, se ofreció a participar del espacio y aportar con relatos de amigos, conocidos o compañeros de trabajo. Maidana se comprometió, además, a buscar otras personas desconocidas, preguntando en distintos ámbitos, para que el programa tuviera continuidad. Y ese fue el despegue de Zona Negra, hasta estos días del año 2025.

El programa fue creciendo en esos años 2007 y 2008, de tal manera que se convirtió en furor. El último trasnoche de viernes de cada mes en que se emitía Zona Negra, una legión de oyentes abrumaba por aquella época con los mensajes de texto, que eran miles en cada emisión, donde ya se alternaban relatos de oyentes en vivo, con las grabaciones obtenidas durante el mes. Tan imponente fue el éxito, que Maidana le propuso a Claramonte escribir un libro, que primero fue impreso en 2008 por Rubén Cecilio Garrido, de la ciudad de Chumbicha, Capayán, y reeditado en 2009 en la imprenta de Eduardo Sarquís, de la Capital de Catamarca. Este último, alguna vez le confesó a Claramonte que ya llevaba vendidos unos 11.000 ejemplares por entonces, realizados en distintos formatos.

Para 2009, la expectativa era cada vez mayor en los seguidores, que poco a poco iban convirtiendo a Zona Negra en un programa de culto, y los más jovencitos comenzaron a identificarlo por la sigla: ZN. Ya era una marca. Hubo un par de experiencias muy impresionantes, porque el programa podía llegar a durar entre dos o cuatro horas como máximo, pero cuando Jorge Claramonte propuso alguna vez realizar un “maratón de ZN”, extendiéndolo hasta que los oyentes decidieran, llegaron a transmitir hasta las 5 de la mañana, terminando casi cuando llegaba el amanecer. En todas esas horas los fans pedían seguir, multiplicaban los mensajes, y sumaban relatos en vivo.
Recién en el año 2010 Jorge Claramonte comenzó a pensar en buscar acompañantes, además del profesor Maidana, para aliviar la tarea de búsqueda de relatos, y para avanzar en la creación de un nuevo proyecto vinculado a ZN. Así, se sumaron Jonatan Rivarola y Mauricio Agüero, y luego otros colaboradores como Daniel Huerta, con quien se comenzó a diseñar la revista de Zona Negra, que salió a la calle por primera vez en septiembre de ese año, con 500 ejemplares que se agotaron en dos días. Se hicieron 1.500 más, que también fueron agotados. Desde la revistería El Trébol, Héctor Luna llegó a reconocer que por primera vez en la historia, una revista de Catamarca fue arrasada de los estantes de venta en menos de una semana. El auge de las redes sociales favoreció el intercambio con el público para acceder a más material de testimonios, y en cada edición de la revista los seguidores dejaban mensajes y sus propias fotos para ser publicadas. La comunidad de ZN seguía creciendo. En 2011 continuó otra tirada de revistas, hasta completar los 10 ejemplares de colección en esos dos años.

Desde 2012, Claramonte comenzó a conformar distintos grupos de jóvenes integrantes apasionados por la temática paranormal, que además de participar del programa al aire, realizaban la tarea de “cazadores de relatos”, saliendo a las calles para visitar a oyentes que dejaban mensajes en la radio para ser visitados en sus domicilios y así contar sus historias.

Y así surgieron las invitaciones a las escuelas donde los alumnos elegían los libros de Zona Negra para realizar trabajos vinculados a la lectura; los reconocimientos; las entrevistas para distintos medios periodísticos, incluso de otras provincias; la presentación del segundo libro con el teatro Urbano Girardi en agosto de 2013, colmado de público; los cortometrajes; los documentales, etc. La comunidad de ZN se renovó y creció cada año.
Recordarán los memoriosos, algo que se reiteró, casi como antes, cuando se sumó el profesor Maidana para que el ciclo continuara en el aire. En todo el año 2017 el programa estuvo ausente. Claramonte había pensado dejar de hacerlo, porque demanda mucho trabajo su preparación. Hay quienes suponen que, al emitirse una vez por mes, es más tranquilo, pero se debe andar bastante para conseguir los relatos y presentar un producto digno. Aquí aparece y se suma al grupo Federico Leguizamón, en los primeros días de 2018, teniendo él la misma edad de ZN, y le propuso a Jorge ayudar a la búsqueda de material, comenzando por las personas de su entorno. Y así volvió al aire aquel año, hasta estos días.

Y debió pasar más de una década hasta que Héctor Luna, desde la Editorial El Trébol, se volvió a reunir con Jorge para concretar un segundo libro, que mantuviera el salto de calidad que había marcado el anterior, ante la demanda permanente de los lectores que preguntaban «para cuándo un nuevo libro de ZN». Hacia finales de 2024, el Volumen II con el sello de El Trébol estuvo disponible para ese público ansioso, con el éxito de venta anterior, debiendo realizarse una segunda edición a comienzos del mes de julio del presente año. Además de las nuevas historias, incluyó algunos de los relatos clásicos que se habían publicado en la edición de 2008. Esta vez, Luna eligió un diseño novedoso, con páginas en bordes negros, y con ilustraciones del prestigioso e internacional dibujante catamarqueño Diego Yapur.
