Hace alguna semanas, una seguidora de Zona Negra nos envió el siguiente relato a través de nuestro Instagram. Nos resultó asombroso y perturbador. Ella aclara que los nombres fueron cambiados por respeto y seguridad. Como ella misma dice en algún momento de su historia: «Ustedes juzgarán». Textualmente, esto escribió:
Hola, Zona Negra. Hace tiempo que quería contar esta historia para ustedes, pero no quiero mandar audio ni llamar. Es un tema delicado, y aunque pasó hace 10 años —para ser precisa— hasta el día de hoy aún me sigue persiguiendo ese recuerdo.
( En ustedes y la audiencia está en si creen o no)
“Todo lo que estas escrito aquí sucedió de verdad…”
En 2015 trabajé para una familia de Valle Viejo (no puedo decir el apellido). Mi trabajo consistía en cuidar y atender a una mujer cuadripléjica, a quien llamaré Aurora.
En esa familia trabajaron dos mujeres: una era la cuñada de Aurora ( Lucrecia ) y otra señora que trabajó por dos años y después renunció.
A las dos les hicieron firmar un documento de confidencialidad, y yo no sería la excepción.
Todo lo que sucedía en esa casa, no podía salir de allí.
Me contrató el padre de Aurora, un hombre grande de edad avanzada (este hombre trabajaba en la política).
Al llegar a la casa, me dan todas las indicaciones de lo que tengo que hacer y conozco a la mujer.
Voy a dar detalle de ella, ustedes verán si lo dicen o no.
Ella era blanca, muy blanca.
Delgada al extremo, casi esquelética.
De su cráneo caían unos cuantos mechones de cabello, y esa carencia dejaba ver largas y gruesas hendiduras producto de varias operaciones.
Sus ojos estaban hundidos y oscuros, y en su boca no había ni un solo diente.
Ahora se van a preguntar qué tiene de paranormal esto, pues…
Yo empecé a trabajar en octubre, y ese mes hacía mucho calor. Así que Lucrecia me ayudó a bañar a Aurora.
La llevamos a un baño especial y allí, entre las dos, empezamos a enjabonarla.
Lucrecia me pide que vaya a buscar una crema de baño. Me doy vuelta para salir, cuando escucho un cachetazo fuertísimo, seguido por un grito.
Fueron segundos.
Cuando me doy vuelta rápido, veo que la nuera tiene la cara toda roja, una mano bien marcada, y como una mordedura en el brazo.
Ella suelta a Aurora y sale sin decir nada, sin más.
Me deja sola con la mujer, a la cual termino de bañar y cambiar.
Cuando terminó, ella, vuelve, me mira, y sin que yo pregunte o diga algo, me dice:
“No tenés que hablar de lo que pasa en la casa, y no tenés que pedir explicaciones.”
La verdad, en ese momento no supe qué pensar.
No procesaba lo que estaba sucediendo.
En el tiempo que trabajé allí vi y escuché cosas extrañas:
Susurros que venían de quién sabe dónde, sombras que se perdían bajo las camas o atravesaban las esquinas por el rabillo del ojo.
Lucrecia habló con su suegro y decidió no trabajar más allí, así que quedé yo sola.
A los tres meses de trabajar allí, el padre de Aurora me dice que se tiene que ir de viaje y me pregunta si podía quedarme el fin de semana completo.
Obvio que acepté.( La paga era buena) “Qué ilusa”
Él me da un par de indicaciones y un número de emergencia, que sería el de sus familiares directos.
Me dice:
“Escuchame, a la noche cerrá todo. No dejes nada abierto. Metele llave a todo, hasta la habitación donde vas a dormir vos. No traigas a nadie para que te acompañe. Si pasa algo, me llamás.
Y si no contesto, llamá a Lucrecia, que ella vendrá rápido.
Pero vos no salgas de la habitación por más ruido que escuches.”
“Bueno”, le digo, y pregunto si a la habitación de Aurora también.
A lo que me responde:
“Sí. Especialmente la de ella. Es solo por precaución, nada más.”
Voy a ser sincera: si antes me daba escalofríos estar sola en la casa de día, de noche me aterraba después de eso.
A él no le gustaba mucho hablar ni que le hagan preguntas, así que no dije nada.
Pero por dentro juro que sentí que no debía quedarme… y aún así, me quedé.
Esa noche de sábado hice lo que me pidieron: cerré todo, apagué todas las luces menos una, la del pasillo.
Yo me quedé en la habitación al lado de la de Aurora.
Y aquí viene lo que nunca voy a olvidar.
Esa noche me desperté porque escuché ruidos, como que alguien movía sillas y se quejaba.
Me senté en la cama para despertarme mejor y vi la hora en el reloj que había en la mesita de luz, ese que tiene los números grandes en color verde: eran como las tres de la mañana, lo recuerdo bien.
Me desperté del todo cuando sentí que se movía el picaporte del cuarto.
Juro que estaba con mucho miedo.
El picaporte se movió fuerte, como si quisieran entrar.
Me levanté con el estómago encogido y con ganas de llorar, porque sentía que algo malo me iba a pasar.
Esa sensación de frío recorriéndote todo el cuerpo y la garganta cerrándose.
No sé de dónde saqué valor, después de estar parada media hora frente a esa puerta.
Por debajo de la puerta entraba la luz del pasillo, y se proyectaba una sombra que estaba ahí, parada.
De repente, vi que se alejó.
Y estuve ahí no sé por cuánto tiempo, pensando qué hacer.
“¿Y si era un ladrón?” pensé.
Busqué el celular… y no tenía batería, a pesar de estar enchufado.
Así que salí.
Sí, salí.
Olvidando la advertencia de no salir.
Pensé que podría correr a pedir ayuda a los vecinos, pero juro que no podía gritar: tenía un nudo en la garganta.
Abrí la puerta, miré a ambos lados del pasillo… y vi que la puerta de Aurora estaba abierta.
Pensé lo peor: que el o los ladrones se habían metido en su pieza.
Sentí su quejido de dolor, el mismo que siempre hacía, pero solo eso.
Me acerqué despacio a la puerta.
La luz que entraba por la ventana me dejó ver lo que hasta el día de hoy no puedo olvidar.
Aurora estaba parada en su cama, con la cabeza hacia atrás, casi tocando sus talones.
Pegó un salto, y pude escuchar cómo los huesos tronaban, hacían un sonido como de ramas rompiéndose.
Hacía movimientos grotescos, imposibles para alguien como ella.
No me pude mover.
No pude salir corriendo.
No pude gritar.
Nada. Absolutamente nada.
Lloré.
Me temblaron las piernas.
Y me caí al piso, sin poder apartar la mirada de esa cosa que se acercaba hasta la puerta.
Y…y todo se puso negro.
Me desmayé.
Me desperté cuando Lucrecia me golpeando la cara, y había otras personas echándome aire.
Lo que sé es que ella llegó a la mañana, tocó el timbre, y como no abrí, decidió entrar con su llave.
Me vio en el piso frente a la puerta de Aurora.
Yo empecé a llorar cuando todas las imágenes volvieron a mi mente.
Intenté contar, pero ella me detuvo.
Me dijo que no dijera nada.
Que si quería, me llevaban a mi casa.
Así lo hicieron.
Tuve pesadillas por años de este suceso.
No dejé de trabajar : hasta el día de hoy me pregunto por qué carajos no deje de trabajar en ese lugar. Seguí una vez que me tranquilicé. Nadie me preguntó que pasó. Nadie dijo nada.
Después de todo lo que viví esa noche, decidí pedirle a alguien que fuera a orar por Aurora.
Cuando esta persona entró a la casa, me dijo que sentía una presencia de maldad en el lugar.
Me explicó que volvería cuando estuviera preparado, pero antes me pidió un favor:
> “Si podés, averiguá algo sobre Aurora. Qué le pasó. Cómo llegó a ese estado.”
La única persona a la que podía preguntar era su madre, que muy de vez en cuando iba a visitarla, pero sabía que a ella le gustaba hablar.
Y sí, sé que suena mal, pero le saqué conversación.
Ella me contó lo siguiente:
> “A Aurora le gustaban las cosas de hechicería, los viajes astrales y esas cosas…”
> “Te voy a contar algo. En uno de esos viajes astrales, mi hija dijo que pudo ver que su hijo tenía un demonio acechándolo.
Cuando volvió en sí, salió de la casa desesperada y se fue.
Pero nunca llegó a la casa de su hijo. En la ruta tuvo un accidente.
Cuando fuimos a verla al hospital, no tenía ni un solo rasguño, pero estaba cubierta en sangre. Los doctores le hicieron miles de pruebas, la examinaron, pero nunca pudieron determinar de quién era la sangre. La policía llegó y le hicieron muchas preguntas, pero ella no pudo responder. Decía que no recordaba nada, que nunca había salido de su casa, que no sabía qué había pasado.
En la ruta, el auto estaba totalmente destrozado, y nadie supo cómo salió con vida y sin heridas».
Buscaron algún animal o persona que pudiera haber chocado, pero no encontraron nada.
El padre pidió que no se dijera nada.
No sé cómo hizo, pero en las noticias no salió nada del suceso.
Yo misma busqué, con nombre y apellido, el año y la ruta.
No hay nada.
No aparece en ningún lado.
Después de eso, la madre me contó que su hija tenía un libro con llave, guardado en una caja fuerte, ella sentía que por culpa de ese libro y de seguir sus rituales, Aurora había quedado así.
Aurora murió tres años después, en 2018.
Y todo ese tiempo seguí trabajando allí.
Voy a decir algo que sé que estuvo mal… ahora lo sé.
Llevé a alguien para que orara por la casa, sin que la familia supiera. Yo tenía miedo y solo quería ayudar.
Después de lo que sucedió, le conté todo lo que sabía.
Y esa persona fue todos los días hasta antes de que muriera Aurora, para orar y bendecir la casa.
Siempre lo hacía por la casa, desde afuera de la habitación.
Quince días antes de que Aurora muriera, decidió entrar y orar por ella.
Le hizo imposición de manos, oró pidiendo que sea libre de todo mal, que Dios la protegiera de todo mal y la bendijera, cuando lo hizo, Aurora la miró, clavo su mirada y Dijo:
> “No me voy a ir.”
Lo dijo despacio, como un susurro,
pero al estar la casa en silencio, se escuchó claro.
Aurora no podía ver —quedó ciega por las múltiples cirugías—,
al igual que muda,
y tampoco podía mover nada de su cuerpo.
ella lo tomó del brazo,
y repitió:
> “No me voy a ir.”
El se fue de la casa sin decir nada.
Solo dio media vuelta… y se fue.
Después de eso, Aurora empeoró y murió.
Al velorio no fue casi nadie.
Solo cuatro personas:
su padre, su madre, Lucrecia…
y yo.
Voy decir algo que aunque suene loco, creo que tras su muerte ella dejó algo. “ una maldición”. Sé cómo suena… pero si pueden creer en fantasma
¿ por qué no en esto?
Los parientes de ella la dejaron sola. Muy sola prácticamente en los tres años que trabaje allí solo estaba su padre con ella, nadie más… bueno y yo.
Creo que todos aquellos que no fueron buenos con ella,
en vida o cuando estuvo enferma,
se enfermaron exactamente igual que ella…
o peor.
¿Por qué digo esto?
Su padre tuvo cáncer de próstata fulminante.
Una de sus hermanas, cáncer de estómago.
La otra, cáncer de útero.
Su madre quedó mal… no sé si fue esquizofrenia o algo más, (al final ella se quitó la vida) no se si pondrán eso. A mí me tocó cuidarla y me contó cada cosa.
Todo eso pasó después de su fallecimiento, sin contar los sucesos que me sucedieron a mí y a la persona que oró todos esos días.
¿Coincidencia o algo mas?
La verdad maldigo el momento en que fui a trabajar ahí.
Ustedes juzgarán si creen o no.