Era una tarde lluviosa cuando llegué a la morgue del hospital; mi turno empezaba a las 4 pm y terminaba a las 3 am. Era una tarde fría y la noche fue peor. La lluvia no cesaba y por esa razón mi asistente no se presentó, así que tuve que estar sola en la morgue. No tenia otra opción.
Esa noche le estaba realizando la autopsia a una niña, cuando llegó uno de los doctores a dejar una muñeca.
Me quedé sorprendida y le pregunté la razón por la cual llegó a dejarla.
—Es la muñeca de la niña, su mamá me pidió que no se la quitara, ya que era su preferida y se enoja cuando no la tiene a su lado.
—Doctor… no me diga que cree que ella va a levantase a reclamar por su muñeca…
—Así es, a los muertos no hay que quitarles lo que les pertenece, y menos a los niños que son almas puras y a veces no se dan cuenta que han dejado este mundo.
—Eso es absurdo doctor…
—¿Dónde se la dejo? yo sólo cumplo con lo que me dijeron.
—Déjela encima de la mesa donde guardo mis herramientas, ahí no va a perderse.
—Bien, que le haga compañía la muñeca ya que su asistente no vino.
Apenas había salido el doctor cuando se escucharon unas risas inocentes de una niña. Pensé que venían de la calle pero ya eran las 2 de la madrugada y afuera aún estaba lloviendo. Terminé con el informe de la niña y fui por la muñeca para dejarla junto al cuerpo de su dueña.
En ese instante pegué un brinco, porque mi teléfono sonó anunciando una llamada. Contesté, pero me sentía incómoda al estar sola en la sala de autopsias, así es que salí al pasillo pero mi peor error fue llevarme la muñeca…
Estaba hablando muy tranquilamente por teléfono, con la muñeca en la mano, cuando veo que la niña sale caminando de la sala. Me quedé paralizada… la niña venía directo hacia mí, con una cara de enfado, y quise salir corriendo pero en esos casos el cuerpo no reacciona. El miedo hizo que cayera rendida, cerré los ojos y sólo pude sentir cómo la muñeca salía de mis manos.
El doctor, al verme en el suelo llegó a levantarme, preocupado, y me preguntaba qué había pasado, pero yo sólo le consulté por la muñeca.
Le sorprendió la pregunta, así es que fue a ver dónde la había dejado, pero me sorprendí cuando me dijo que la niña la tenia entre sus brazos. Ese día descubrí que los muerto sí reclaman por sus cosas, ya que la muñeca quedó en una de las mesas después de que se llevaron el cuerpo de la niña, y recién cuando entregué ese juguete a su familia, ella dejó de aparecer en la morgue del hospital.